| dc.description.abstract | Debido a las condiciones de trabajo al aire libre, que ofrecen la oportunidad de
respirar aire puro y realizar ejercicio, lejos de las ciudades congestionadas,
industrializadas y contaminadas, se tiene la creencia que los cultivos son ambientes
saludables y libres de riesgo para el trabajador. Sin embargo, los trabajadores
agrícolas corren un mayor riesgo de sufrir ciertos tipos de cánceres, enfermedades
respiratorias, cardiovasculares y accidentes, debido a su exposición a peligros de todo
tipo. (Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, 2008). Este ambiente de
trabajo involucra riesgos físicos relacionados con el clima, el terreno, la exposición al
fuego y la maquinaria; riesgos biológicos, incluida la exposición al polvo (orgánico e
inorgánico) y alérgenos, así como la exposición a plantas, animales e insectos, riesgos
ergonómicos y psicosociales, como la manipulación manual de mercancías, posturas
de trabajo inadecuadas, movimientos repetitivos y disposiciones laborales con
diversos riesgos para la salud, especialmente largas jornadas de trabajo y, finalmente,
riesgos químicos asociados con pesticidas, fertilizantes químicos y combustibles, que
pueden ocasionar problemas graves para la salud y seguridad.
En relación con este último, es importante resaltar que la agroindustria de la flor
responde a las exigencias sanitarias y estéticas del mercado internacional, por lo que
es clave fumigar las flores para controlar plagas y enfermedades y fertilizar las flores
para ofrecer una condición estética bella. Esta tarea de mantenimiento, asignada a los
hombres, se realiza con plaguicidas y fertilizantes. Por su alta toxicidad, antes del
ingreso del personal al cultivo, el lugar debe ventilarse. No obstante, lo más usual es
encontrarse con que los tiempos de ventilación no se cumplen y que, la inhalación de
estos químicos provoca reacciones alérgicas respiratorias o en piel, e incluso
intoxicaciones sistémicas (Hernández, Flórez, & Suárez, 2020). | es |