| dc.description.abstract | El planeta afronta los efectos de la fatiga por la producción sin límite de
bienes y servicios por parte de las organizaciones, que generan en el proceso
basuras y desechos de todo tipo, las cuales representan un poco más de
2.100 millones de toneladas. El 80 % o más podría convertirse en insumos
para la fabricación de nuevos productos, siempre que se contase con una cultura
ambiental para el aprovechamiento, la dispensación y el reciclaje de los
desechos. En cambio, dichos residuos —cartón, papel, latas, vidrio, plástico,
metales, loza, desechos de la construcción, material eléctrico y electrónico,
aceites, desechos de hidrocarburos, caucho, celulosa, residuos químicos
y farmacéuticos, madera, desechos hospitalarios, entre otros tantos (sin contar
los orgánicos)— en muchas ocasiones terminan en las riberas de los ríos, el mar o en los rellenos sanitarios y provocan graves efectos a la salud de los
seres vivos y el medio ambiente. Lo anterior se puede atenuar en la medida
que se impulse una conducta proambiental en la sociedad, que implica
el compromiso integral de las autoridades gubernamentales, diversas organizaciones,
la comunidad en general con los recicladores de oficio, quienes
carecen del reconocimiento y la dignificación de la labor que realizan a través
de asociaciones que en muchos casos son incipientes y no cuentan con las
herramientas necesarias para alcanzar sus propósitos. Es este el propósito final
del artículo. | es |